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Teoría Literaria II - La irrupción de la realidad imaginaria

La idea que la narración se desarrolle dentro de una realidad objetiva, es decir, que se atenga a nuestras experiencias cotidianas, a muchos le parecerá lógica; incluso muchos lectores tienen el impulso (y algunos se dejan vencer por él) de lanzar al libro por la ventana ante cualquier breve intromisión del hecho fantástico en la narración.

Pero como decía en la parte uno (ver), la realidad imaginaria, o bien el mundo donde la incredulidad queda suspendida; es un paisaje creativo al cual el escritor no debería temer. Por supuesto, las historias desarrolladas en el seno de la realidad objetiva pueden parecernos más sólidas, más creíbles; pero esto en cierto modo es una ilusión.

El escritor debería ser capaz de manejar todas las herramientas que la literatura pone a su alcance, y luego elegir con cuales trabajar. La literatura fantástica, o aquella donde el mundo de lo imaginario es parte de la historia, no es más que un fragmento de la literatura como conjunto y no debe ser desestimada.

Cualquier narración puede desarrollarse por completo dentro de la realidad objetiva, -A sangre fría; Ulises; por ejemplo- y los puntos de anclaje generados en tal narración serán tan sólidos que el lector no dudará de aquello que le están contando: ésta es, quizás, la mayor ventaja de una narración apoyada sobre cualquier porción de lo real objetivo; la verosimilitud de lo narrado queda sobreentendida.

Cuando el escritor permite la entrada del mundo de lo imaginario, el mundo de los hechos fantásticos; es cuando comienza su verdadero trabajo. No sirve de nada crear el más maravilloso y extraño de los mundos, si éste no es creíble para el lector. Del mismo modo, una narración sostenida únicamente por la realidad objetiva, puede ser por completo inverosímil, pero esta situación es más rara de encontrar; excepto que el autor sea por completo malo.

Acabo de arribar al punto que importa en todo ésto: la verosimilitud.

Al decidirnos a escribir una narración de corte fantástico, debemos introducir los elementos propios de la realidad imaginaria con la que trabajaremos de un modo verosímil y natural para el lector. Esto no se da de modo casual; por el contrario, es parte de un desarrollo de ciertas técnicas narrativas -muchas de ellas simples- que nos permiten la entrada de lo fantástico de un modo natural.

Como decía al comienzo, una narración puede, y de hecho muchas lo hacen, sostenerse de un modo exclusivo sobre la realidad objetiva; pero por lo opuesto no es viable. Toda historia fantástica tendrá puntos de anclaje sobre la realidad objetiva: éste es el primer punto a tener en cuenta para comenzar a edificar la verosimilitud del relato.

Tomemos una novela como El Señor de los Anillos. Tolkien desarrolla la novela en un mundo (La Tierra Media) donde conviven toda clase de seres fantásticos, e incluso la Tierra Media es un non where. Pero todo ésto no significa que no existan referencias a lo real objetivo: cuando al personaje de Boromir, lo emboscan los orcos y lo atacan, Boromir muere bajo las flechas de sus atacantes. El ejemplo parece bastante ingenuo, pero en verdad, la muerte del personaje es parte de la realidad objetiva que atraviesa la novela.

Las técnicas básicas para introducir lo real imaginario dentro de lo real objetivo son pocas y simples:

Técnica de apertura inmediata: ya desde el primer párrafo el autor nos pone en contacto con el hecho fantástico. En realidad este recurso no es exclusivo de la narrativa fantástica; es parte del llamado cuento moderno que evita toda preparación previa, toda puesta en escena; para meternos de lleno, desde el comienzo en la acción del cuento. Fue utilizada por primera vez por Kafka en La Metamorfosis. Ya desde el primer párrafo no dice que Gregorio Samsa se despertó transformado en un insecto; al lector no le queda otra alternativa que aceptar tal cosa; si llegase a dudar de ello no tiene sentido continuar leyendo. La apertura inmediata es ideal para ser utilizada en cuento; nos evita estar explicando las razones de cada hecho fantástico que aparezca; el lector debe aceptarlo o bien dejar de leer.

Irrupción brusca de la realidad imaginaria: es similar al anterior. La realidad imaginaria surge repentinamente en la narración sin explicación alguna, pero no desde el comienzo, si no una vez que la narración ha comenzado a desarrollarse. Un buen ejemplo es Continuidad de los parques. Durante toda la extensión del cuento, asistimos a una narración, en apariencia, real objetiva; hasta que en los últimos párrafos, lo real imaginario se apodera de la narración: los personajes de una novela que está leyendo el protagonista, toman por asalto su realidad y lo asesinan.

Exageración: se sobrevalúa o devalúa una o varias características de un objeto, animal, o persona. Una naranja de seis kilos. Un perro del tamaño del pulgar.

La enumeración: es una técnica simple que tiene la virtud de poder colarse en cualquier tramo de la narración. La enumeración comienza con un elemento real objetivo y culmina con uno fantástico. Pero existe una limitación que puede parecer caprichosa: la enumeración sólo puede constar de tres o de seis elementos. Por ejemplo: en los puestos del mercado se ofrecían codornices, especias de la india, almizcle, carne de cebú, lienzos de seda, y crines de centauros. Si bien los cinco primeros elementos son perfectamente reales, el centauro es un ser mitológico; y sin embargo, ingresa con naturalidad dentro de la enumeración. La razón de utilizar solo tres o seis elementos, es porque cualquiera de estas cantidades crea un cierto ritmo, cierta cadencia, que predispone al lector -de modo inconsciente- a aceptar de modo natural el elemento fantástico; las enumeraciones de tres y seis objetos se corresponden, rítmicamente a la cadencia que poseen los cantos gregorianos y ciertas monodías litúrgicas, creando en la percepción de quien la escucha, una predisposición natural a aceptarla. Prueben hacerlo con enumeraciones de cuatro, cinco o siete elementos, y verán que el de carácter fantástico -siempre debe ser el último- entra forzado.

Cualidad trastocada del objeto: se le asigna a un objeto una característica que no le es propia. Una manzana de oro. Una flor que habla.

Acumulación de elementos sólitos extravagantes: ésta técnica representa todo lo contrario de las anteriores; no permite la entrada de lo fantástico de un modo rápido como aquellas, se sirve de elementos reales y verosímiles pero extravagantes, desparramados a lo largo de la narración, con la finalidad de ir montando una experiencia de extrañamiento en el lector. Cuando el extrañamiento del lector llegue a su punto máximo, ingresan los elementos insólitos o fantásticos; que en ese punto ya no afectarán a la verosimilitud del relato, y por lo tanto el lector los aceptará con naturalidad. Como la técnica requiere de cierto desarrollo para que resulte natural al lector, solo puede ser usada con éxito en cuentos largos, o preferentemente en novelas. El mejor ejemplo que puedo dar de ésta técnica es la novela Pequeño, grande; de John Crowley. Desde el cominzo de la novela, Crowley, comienza a usar una serie de hechos, situaciones y personajes extravagantes, pero del todo reales; la acumulación de datos extraños a lo largo de muchas páginas, logra que la novela pueda desembocar de un modo natural en el mundo fantástico donde se desarrolla buena parte de su trama, que de todos modos se encuentra presente desde el principio.

Todo lo anterior se refiere a los modos de lograr que ingrese lo fantástico, dentro de una narración, del modo más natural y verosímil posible. Aún nos queda por analizar las diferentes categorías en las que se dividen los hechos fantásticos; pero eso va a ser tema para la tercera parte.


Links:

Teoría literaria I - La realidad literaria
Teoría literaria II - La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III - El hecho fantástico
Teoría literaria IV - El narrador
Teoría literaria V - Nivel de lengua del narrador